Teléfono roto es un juego, en sus diferentes variantes, que ejemplifica la distorsión que en ocasiones genera la mediación en la comunicación . Los contenidos se modifican en el tiempo tanto como en el sistema de emisión y de recepción. El “aura” de una obra puede cambiar, siendo el arte un sistema de representaciones y símbolos, en muchos casos un lenguaje más cifrado y menos normativo que la gramática, por ejemplo, pero otro tipo de respresentaciones o contenidos, sin pretensiones artísticas pueden tener esa misma carga simbólica, que es móvil.
Sobre la dificultad en la comunicación, más allá que el propio aprendizaje de lenguajes, verbales, textuales o gestuales hay otros mediadores que hacen del diálogo y la comprensión algo bastante complejo, el receptor y emisor son el vehículo de algo común que puede tener más mediadores.
El móvil, como dispositivo ha ampliado las nociones de espacio y reducido las de tiempo. Vehícula la emisión y recepción de contenidos y puede aportar modificaciones en el propio diálogo.
En una de las versiones del juego teléfono roto, alguno de los participantes empieza emitiendo una frase, el siguiente, debe reproducir lo que ha entendido al otro, siempre, en privado, al oído, como un secreto, el último en recibir el mensaje, raramente dirá en voz alta lo mismo que dijo el primero, esta misma paradoja, o juego, se puede entender como un reflejo de la comunicación, aún que ciertas informaciones se encuentren legitimadas por la historia, los medios e incluso representaciones de lo “real”, siempre habrá cierta distorsión.

Los pájaros sin alas no pueden volar, sí comunicar.
